El iris de la bonanza

vida y poesía de pedro tapia

Buscar una vida

Buscar una vida, construir una memoria, poetizar la experiencia es una tarea interminable, difícil a veces de clasificar, de darle un fin. Al conversar con don Pedro Tapia  son muchos los escenarios sociales y culturales donde sus palabras nos remiten, al escuchar su poesía cantada nos damos cuenta de la complejidad de la expresión campesina y de sus distintos momentos. Esta investigación quiere tratar de componer esos escenarios para así comprender y compartir una vida y poesía de unos de los cantores a lo divino más importante (y desconocido) del norte chico.

Don Pedro ha vivido por muchos años en El Pedernal, localidad rural ubicada en el límite norte de la quinta región, por el sector pre-coordillerano, más allá de su pueblo hay sólo cerros, más allá de esos cerros ya comienza Salamanca y sus alrededores. Es un sector realmente aislado, no hay locomoción colectiva y una sola escuelita básica. El trabajo y la lluvia escasean. Ahí se vive una tradición importante, que le da renombre al lugar, la tradición del canto a lo divino, que ocurre con fuerza durante las alojadas de la virgen de la Merced de Chincolco durante el mes de octubre. Aunque esa virgen peregrina viene recorriendo los valles aledaños desde agosto y hasta octubre. Mucha de esta tradición, entonces, se comparte con familias de Chincolco, Chalaco, Calle Larga, el Sobrante.

EL IRIS DE LA BONANZA

DISCO 01/

DISCO 02/

Luego de dos años asistiendo a las alojadas de la Virgen del Palo Colorado en el Valle de Quilimarí, decidimos conocer cómo se desarrollaba el canto a lo divino en otros valles y sectores cercanos a este. Es así como un día de marzo del año 2011 nos internamos por la comuna de Petorca hacia el interior. Preguntando en una plaza en el pueblo de Chincolco por cantores a lo divino, varias personas nos respondieron que para la zona del Pedernal todavía quedaban cantores antiguos, y que había uno muy bueno que se llamaba Pedro. Partimos hacia allá mientras anochecía. Adentrándonos aún más hacia la precordillera de la Quinta Región, poco a poco, los pueblos, plantaciones y rancheríos fueron quedando atrás, para dar paso a un paisaje agreste. De pronto, divisamos unas casas al lado de un río. Así fue como conocimos a don Pedro. Luego de presentarnos y contarle que es lo que andábamos haciendo, lo invitamos a que nos acompañara a una alojada de la Virgen en la zona de Las Palmas que se realizaba esa misma noche; don Pedro no dudó en aceptar la invitación. Volvimos entonces por el mismo camino, y una hora y media más tarde llegamos a la alojada, ya era bastante entrada la noche. Allí estaban unos cantores conocidos por nosotros: José Torreblanca y Chuma Fierro (de Cabildo). Nos acomodamos con nuestros equipos y dejamos la grabadora encendida durante el resto de la noche. Fue así como oímos cantar a Pedro Tapia por primera vez. Nunca habíamos presenciado esa manera de tocar la guitarra y de entonar los versos. Tampoco esa rigurosidad en el orden de cantar los fundamentos y la variedad y excentricidad de versos que entonó. Don Pedro cantó solo, no intercalándose con los otros cantores que habían en la alojada, pues sus entonaciones les resultaban ajenas. Para nosotros fue una velada bastante especial. El registro de esa alojada es lo que está presentado en el disco I de este documento.

Luego volvimos a visitar a don Pedro en reiteradas ocasiones a su casa en El Pedernal y luego a Quelén Alto, cerca de Salamanca, donde vive actualmente. Allí lo entrevistamos, asistimos a algunas alojadas de la Virgen del sector y también grabamos más versos, pero esta vez en su casa, ya no en un contexto ritual. De estas ocasiones se desprende el disco II, los textos y las fotografías que amueblan esta obra.

Uno de los objetivos principales de esta investigación es reunir en un mismo soporte distintos resultados que hemos obtenido a lo largo de años de trabajo en terreno, y que ha querido construirse para ser escuchada, vista y leída, apelando a los distintos sentidos y formas que el canto y su contexto nos permite articular. Por ello, esta producción cuenta con dos discos. El primero, registrado in situ en una alojada, da cuenta de la atmosfera que allí se vive, podemos escuchar al cantor entonando sus versos, pero también los murmullos, toses, puertas, animales, niños pequeños y todo aquello que completa ese espacio sensible que es el lugar de la festividad religiosa. El segundo disco busca otra experiencia en la comprensión del canto; indagar en el amplio repertorio del cultor y seleccionar una variedad de versos que hoy en día son difíciles de escuchar en las vigilias y que dan cuenta de la complejidad poética de esta tradición.

Han pasado algunos años desde nuestro primer encuentro y ha crecido una amistad verdadera entre nosotros y él. Don Pedro Tapia es un extraordinario cantor a lo divino (o como se decía antiguamente en el campo, un cantor de Alta Esfera). Además en su práctica podemos encontrar una música campesina propia de la tradición del canto a lo divino del Norte Chico de nuestro país.

ALTA ESFERA

Alta esfera nos abre a múltiples imágenes, direcciones y senderos que creemos importante recorrer para conocer el canto campesino y lo que esa experiencia nos enseña. Hemos intentado andar esos caminos, entender cada tránsito, cada desvío, cada accidente, cada encuentro, sin perder la cuenta de que posiblemente todo se conecte, tal como se da la vida al interior de una esfera.

Fotografías: Manuel Morales Requena
Investigación: Daniel González y Danilo Petrovich
Poesía: Pedro Tapia
Diseño y diagramación: Max Grum
Edición fotográfica al cuidado de Andrea Jösch
Post-producción de fotografías: Marcos González V.
Corrección de estilo: Constanza Jarpa Luco
Año: 2018

Verso por Santa Genoveva

Genoveva de Brabante es la protagonista de una leyenda medieval que describe el padecimiento de una mujer tras ser injustamente acusada de traición. Condenada a muerte, es perdonada por sus verdugos, quienes la destierran junto a su hijo. Genoveva aprende a vivir en medio de una naturaleza salvaje, alimentando a su hijo con la leche de una sierva. 

Esta historia es frecuentemente cantada en los campos de Chile, donde comúnmente se le conoce como “Santa Genoveva”.
Generalmente, la cuarteta que glosa este verso es un trabalenguas que dice así:

 

“Cabrita romalera
que andai por los romerales
pastando el alfilerillo
por los alfilerillales”.

EL HIJO PRÓDIGO

Uno de los fundamentos cantados más recurrentes en las alojadas, es la conocida “Parábola del hijo pródigo”, recogida del Nuevo Testamento, específicamente del Evangelio según San Lucas. Existen diversas interpretaciones acerca de esta historia. El mensaje teológico centra su interpretación otorgándole un valor central a la misericordia de Dios frente a un pecador arrepentido, concibiendo el perdón y el verdadero arrepentimiento como motor principal para la salvación.

Pero también podemos desprender de este texto, otros sentidos, viendo la reinterpretación local que se ha hecho de él, que creemos, de alguna manera, representan la historia vivida por muchas familias campesinas durante siglos, quienes vieron transformadas sus estrategias de subsistencia de manera abrupta, en donde los modos de producción, basados en la complementariedad familiar, cambiaron rotundamente con las modificaciones en las relaciones familiares, principalmente por la emigración de algunos de sus integrantes y la consiguiente reestructuración del orden interno, tanto laboral, como afectivo y simbólico, además de muchos otros factores.

En términos históricos esto tiene mucho sentido, sobre todo en el contexto de descampesinización iniciado en el siglo XVIII y cuyas consecuencias se comenzaron a ver en los campos y zonas mineras desde el siglo XIX, cuando una consistente masa peonal se dio al camino, abandonando los proyectos campesinos de sus padres que los condenaban al trabajo semiesclavizado de las haciendas y estancias. Es en esta rebeldía productiva que surge el peón gañán del siglo XIX que se echa a andar en busca de un mejor futuro, el cual muchas veces se empalmó a las faenas mineras del norte chico. Así describe este proceso el historiador Gabriel Salazar,

“Masas de peones desempleados, sin calificación, sin tierras, sin fe en las empresas productivas o comerciales de sus padres labriegos, sin respeto ni por los patrones ni por las autoridades ni por la propiedad ni aun por la muerte, comenzarían a salir, repletos de ira contenida, en busca de empleos, de tierra, de posibilidades, de un desarrollo económico general que les abriera, cuando menos, una esperanza… no hallarían sino un tipo distinto de frustración. Y fue así que, del colapso de la economía y la sociedad campesinas, surgirá el célebre ‘roto chileno’, cuya independencia y desacatos constituirán la primera amenaza estratégica para la dominación del patriciado chileno”2.

Es quizás esta historia, vivida en todos y cada uno de los valles de nuestra región, lo que hace sentido histórico y productivo a los cantores. Más modernamente, la posibilidad de la ciudad, de la escuela, en definitiva del “progreso”, desarticuló una forma de ver y relacionarse con el mundo basada en la experiencia cotidiana, donde lo “otro” es un “otro común”, cercano, conocido, aceptado y completamente incorporado. En este sentido, cuando el hijo menor deja su hogar y se retira hacia lo nuevo e incierto, vemos en él, más que nada, una voluntad personal en donde prevalece lo individual frente a lo colectivo, pensamiento que rompe con la cotidianidad anterior de su mundo, mundo instituido y marcado profundamente por un sistema de relaciones sociales bastante acotado, calendarizado y en donde ciertos mecanismos de complementariedad, solidaridad y apoyo mutuo son característicos y condicionan las estrategias de reproducción social. Es así como el regreso a casa, el intento fallido en la búsqueda en lo desconocido y el cariñoso recibimiento en el seno familiar, demuestran la prevalencia de la experiencia acumulada, de la tradición por años cultivada, así como de los valores familiares por sobre la incursión individual, en donde lo incierto y lo novedoso como signo de lo “moderno”, no son capaces de superar el seno familiar como refugio histórico, popular.

Para finalizar, podemos señalar que cuando los cantores pronuncian este verso en ruedas colectivas  –en donde el relato mantiene una identidad a pesar de expresarse en tiempos distendidos y discontinuos, con voces distintas y con variantes de contenido dentro de un mismo fundamento–, reafirman el sentido del texto y también logran generar un tipo de expresión capaz de identificar a los oyentes con éste, demostrando la armonía de lo colectivo y la fortaleza de las tradiciones basadas en una historia social y cultural común. A continuación reproducimos uno de estos versos realizado por don Pedro Tapia, cantor del sector de Pedernal, en la provincia de Petorca, durante una alojada de la Virgen del Palo Colorado en el sector de Las Palmas (lado sur del Túnel Las Palmas), marzo de 2011.2

1. Gabriel Salazar (2000) Labradores, Peones y Proletarios. Formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX. LOM, Santiago, pp. 146. Para aproximarse a este fenómeno de la descampesinización colonial ver este libro en páginas 98–146.

2. Extracto del libro, Será Hasta la vuelta de Año, (2014), pp. 769-773, Ver en publicaciones.

Escucha el verso mientras lees el texto: