MINISTERIO DEL MAR

presentación

El concepto Ministerio del Mar se concibe como un entrañable proyecto que albergaba el gobierno del Presidente Salvador Allende, uno de los escasos estadistas que vio en la costa, una alternativa de desarrollo y a su vez, cierta ruta nueva de comprender nuestra situación filosófica y geopolítica. Un país con forma de espada o de arpón, que entre acantilados e inmensidades cordilleranas, duerme su siesta telúrica entre olas que castigan incesantemente la roca. Alguna vez, el poeta Pablo Neruda dijo que el mar de Chile es una universidad.

 

Algo de ese aserto nerudiano encontrará el lector en este número que hoy inicia su derrotero, su singladura inicial, su travesía hacia nuevos destinos. Y como todo esfuerzo editorial, sus páginas dan cuenta de un trabajo mancomunado y colectivo en el contexto del Museo de Historia Natural de Río Seco, esos añosos frigoríficos y antiguas construcciones que hoy albergan animales en osteotecnia, no como figuras fijas en su estructura ósea sino como un homenaje al dinamismo, ya que desde el colibrí que aletea incesantemente hasta el cetáceo que se hunde en las profundidades participan de un pasado donde el movimiento y la vida forjaron su más cabal revelación. La ciencia y el arte, en ocasiones, pueden participar como argumentos de ese paradigma.

Las páginas que vienen a continuación exploran parte de ese conocimiento, siempre ligadas a una noción de lo territorial. Allí verán en este número importantes reflexiones en torno a la muestra “Será el Paraíso: ruinas, pedacerías y sobrevivencias del mundo rural y las economías cooperativas en Magallanes (1940 – 2021)” producto de la colaboración entre el Museo de Historia Natural de Río Seco y el Museo Campesino en movimiento. Se trata de un abordaje que combina el influjo de lo territorial con la dimensión humana del sur austral.

 

De igual manera, en este número, se rinde homenaje al escritor Francisco Coloane, quien con su estatura polar y voz profunda fue apodado por Volodia Teitelboim como el más anfibio de los escritores chilenos. Hoy accedemos, a través de este número, a su discurso de incorporación a la Academia Chilena de la Lengua.

 

Cardinal momento en esta revista es “Una crónica obrera sumergida basada en los testimonios de Richard Pinilla, Héctor Henríquez y Christian Chambas”, cuya nitidez y elocuencia dan cuenta del devenir del mundo obrero en el paisaje social que reviste al estrecho de Magallanes. En otra dimensión igualmente significativa, los testimonios de Selideh Furinger y los hermanos Jorge y Susana Aldayuz, dan cuenta de la experiencia casi novelesca de los hijos de fareros, de familias enclavadas entre la luz y la penumbra de las lejanías navieras.

 

De igual manera, dos importantes entrevistas coronan este mundo, la del investigador Anelio Aguayo y la arqueóloga Dominique Legoupil. Ambas dan cuenta de dos vidas intensas, en que la pasión por la búsqueda del conocimiento fue capaz de traducir una aventura que resuena como una campana en el corazón de nuestras latitudes meridionales.

 

En otras palabras, concibo este manojo de subjetividades como una fragmentariedad del territorio que nos convoca, como el mar que con su oleaje desgarrado, propone y proyecta aquello que dio sentido al viaje. Y como toda travesía, aquí viajan las voces y las imágenes que el sepia de la evocación nunca puede dispersar, porque la memoria es también ese barco que nunca naufraga del todo, que emerge como la ballena, como el fulgor del recuerdo.

TESTIMONIOS DEL ESTRECHO

Un testimonio no es una simple entrevista en profundidad, es ciertamente un diálogo. No es tampoco una biografía, es, creemos, el relato de una experiencia individual e íntima, pero abierta a la comunicación con los demás. Esa experiencia es casi inasible, apenas relatable y que el trabajo editorial no permite desarrollar en toda su envergadura. Muchas  veces es una experiencia oculta, olvidada, no reproducida, por eso cuesta configurarla, arrancarla de la voz y del cuerpo de quienes hablan. No en todos los diálogos y entrevistas que se hacen se logra exponer, encontrar y construir esa palabra testimonial. Quizás porque la escritura y la exigencia editorial, la economía que imponen las clasificaciones literarias, también atentan en contra de esa voz testimonial extendida y escuchada en todos sus ires y venires. Pero en todos ellos, creemos también, debemos encontrar y desplegar una voz, o múltiples voces, que en su conjunto nos permitan construir una o muchas historias.

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