presentación
Frente a diversas formas de asociación económica que implican participación de los propios trabajadores en el sistema de propiedad, las cooperativas han pasado a ser un eje fundamental de la economía y una alternativa real para pequeños y medianos productores que en el mercado deben hacer frente a compañías de gran tamaño y con capitales transnacionales. El concepto moderno surgió en el siglo XIX en la ciudad de Rochdale, cuando un grupo de empleados textiles despedidos por haber participado de una huelga, decidieron abrir en 1844 la llamada Rochdale Equitable Pioneers Society. Estos encontraron sustento ideológico en las ideas de Robert Owen, cuya búsqueda apuntaba principalmente a impedir el avance del capitalismo hegemónico tras la Revolución Industrial (Cf. Bengoetxea Alkorta, 2016). Una vez formada la asociación, decidieron imponerse reglas de comportamiento que tras cambios históricos importantes, realizados por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) en 1937, 1966 y 1995, finalmente quedaron en siete principios fundamentales: • Adhesión voluntaria y abierta. • Gestión democrática por parte de los asociados. • Participación económica de los asociados. • Autonomía e independencia. • Educación, formación e información. • Cooperación entre cooperativas. • Interés por la comunidad (Arrau Corominas, 2011). Se podría decir que estos principios conforman no sólo normas de comportamiento económico, sino que sirve para abordar la economía en general en términos éticos y participativos. De esta manera, las cooperativas hacen carne una forma de pensar los procesos económicos de una manera diferente, más plenamente inserta dentro de los límites de la competencia capitalista. Por ello, han contado con el respaldo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de las Naciones Unidas que declaró 2012 como el Año de las Cooperativas en tanto éstas contribuyen a crear un mundo mejor (Cf. Rivera Polo, 2014).
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