Canto Transformación y Muerte

El velorio de Angelito

Familia Cisternas Valencia, Loncura, V Región, 1943.

La religiosidad popular es una de las manifestaciones más claras del sincretismo cultural resultante del proceso de mestizaje entre los pueblos indígenas americanos, los conquistadores occidentales, los esclavos llegados en su mayoría desde África y los descendientes (mestizos) de todos ellos. Estas formas devocionales se han ido construyendo y configurando a lo largo de cinco siglos, marcadas por distintos elementos particulares que han generado múltiples y muy significativas formas de culto y devoción religioso-popular de la vida campesina y rural a nivel Iberoamericano, donde destacan el complejo y diverso espacio sonoro y musical que estas constituyen.

Los velorios de angelitos son una práctica mortuoria infantil, un rito que se extiende por todo el continente americano en donde se manifiestan una serie de gestos, cantos, bailes y símbolos que permiten la construcción de una memoria cultural de las familias afectadas por el doloroso suceso que significa la muerte de un niño a niña. El rito del velorio del angelito, en este sentido, es eficaz, ya que permite el consuelo de las familias involucradas frente a los desgraciados designios de la vida y la comunión frente a su propia colectividad que participa de esta conmemoración.

Roulin Bords de la Magdelaine. Le bal du petit ange (Orillas del Magdalena. El baile del angelito), François Désiré, 1823, Colombia.
Velorio del Angelito, Manuel Antonio Caro, 1873, Chile.

El velorio tiene similitudes y diferencias con los ciclos festivos de la religiosidad popular; estos ciclos construyen un calendario regular, en un orden secuencial de fiestas consecutivas, vinculadas al trabajo agrario y sobre el cual la evangelización cristiana sobrepuso su carga simbólica bíblica. El rito de transformación ocurre justamente en el quiebre o desorden de ese ciclo. La muerte interrumpe el devenir de la vida y eso se debe consagrar con símbolos, gestos, cantos y palabras distintas y eficaces, pero que guardan ciertas similitudes con las fiestas anuales (como las fiestas patronales a santos, vírgenes o cruces). Por ello, es importante conocer el contexto cultural en que se desenvuelve la celebración del angelito.

Este contexto es por lo general campesino, o viene del mundo rural, y, nos remite a la vida del pueblo desde la colonia hasta por lo menos ya entrada la segunda mitad del siglo XX. Fue una práctica difundida en gran parte por el mundo popular y por ello fue perseguida por las elites, primero religiosas, que veían en ella un cristianismo desviado, y luego, por una elite social e intelectual que encontraron en estas prácticas y otras, un arcaísmo barbárico contraproducente con los correctos compartimientos de una nueva república civilizatoria. También este tipo de prácticas mortuorias tuvieron que enfrentarse con las políticas de higienismo social que se dieron en Chile y en todo Latinoamérica durante el siglo XX. La gran tasa de mortalidad infantil mantenida hasta la década de los setentas, e incluso después para algunos países y zonas campesinas, dio sentido y pertinencia a este tipo de rituales fúnebres comunitarios. Ya en las tres últimas décadas del siglo pasado, la persistente baja de esta triste realidad ha provocado el desuso de la tradición y su adaptación y vinculación a otras prácticas festivas contemporáneas.a

Nosotros trabajamos desde la realidad campesina de Chile, donde la realización de este ceremonial fue muy común, pero también nos remitimos a su existencia en otras partes de Iberoamérica, ya que esto que nos permite la comprensión de un panorama general de esta práctica. Es así como a través de pinturas, crónicas, fotografías y cantos que hemos podido reunir desde distintas fuentes, intentamos acercarnos a este profundo momento de la vida que transita hacia la muerte y que a su vez nos vuelve a la vida nuevamente.

Además, nos ha sido necesario referirnos a una serie de temas sociales que la ocasión de la muerte de un infante nos permite reflexionar: la vida campesina, su historia social, la infancia, el trabajo, el testimonio de los sujetos y no solo de sus cronistas, la poesía y el canto, la eficacia simbólica de los ritos y la necesidad de reafirmar la vida y la autonomía de las herencias populares que se han transmitido hasta hoy en día.

El rito del velorio tiene sus ordenes y también sus desordenes, conocerlos es también acceder a él de manera fragmentaria y discontinua, pues así se nos presenta en las diversas crónicas expuestas y en el trabajo de campo, la etnografía, que escudriña en la memoria de las personas. Por ello, proponemos para entender este ceremonial, comprenderlo como en un conjunto de series, secuencias o sentidos sociales que se suceden, pero que también se sobreponen unos a otros, dependiendo de los elementos o sujetos que nos referimos en los distintos momentos.

El velorio, sus sujetos y su poesía, componen un camino que permite el tránsito de la vida hacia la muerte, mientras ocurre el ocaso del día y de la muerte hacia la vida mientras esperamos al alba, y es así como está construido este relato virtual y comprensivo que compartimos a continuación a través de sucesivas láminas expuestas verticalmente, pero que también nos permite una profundización horizontal en cada una de las temáticas expuestas.

SALUTACION DEL ANGELITO

La religiosidad popular es una de las manifestaciones más claras del sincretismo cultural resultante del proceso de mestizaje entre los pueblos indígenas americanos, los conquistadores occidentales, los esclavos llegados en su mayoría desde África y los descendientes (mestizos) de todos ellos. Estas formas devocionales se han ido construyendo y configurando a lo largo de cinco siglos, marcadas por distintos elementos particulares que han generado múltiples y muy significativas formas de culto y devoción religioso-popular de la vida campesina y rural a nivel Iberoamericano, donde destacan el complejo y diverso espacio sonoro y musical que estas constituyen.

Los velorios de angelitos son una práctica mortuoria infantil, un rito que se extiende por todo el continente americano en donde se manifiestan una serie de gestos, cantos, bailes y símbolos que permiten la construcción de una memoria cultural de las familias afectadas por el doloroso suceso que significa la muerte de un niño a niña. El rito del velorio del angelito, en este sentido, es eficaz, ya que permite el consuelo de las familias involucradas frente a los desgraciados designios de la vida y la comunión frente a su propia colectividad que participa de esta conmemoración.

AUDIO

VERSOS

Videos de otras salutaciones

Verso por Saludo, Jose Elias Olivares y Enrique Silva Pizarro
Buenas Noches, César Gómez y Jorge Gómez.

Audios de otras salutaciones

Colección Museo Histórico Nacional.

COSMOS

La ceremonia del velorio comienza con la salutación al angelito de parte de los cantores; fórmula y preámbulo descriptivo de la situación que se está viviendo. El verso por saludo parece ir describiendo minuciosamente el lugar que toma este rito, como si lo primero fuera llamar la atención del mundo, captar los apesarados pensamientos de los presentes en medio del dolor de la pérdida, de ese espacio particular preparado para el momento,  des-cubrir el acontecimiento con la voz (tal como a veces se realiza con las imágenes religiosas que se mantienen cubiertas con paños o banderas durante el año y para la fiesta se descubren), de los parientes, de la compaña, nombrar los símbolos católicos y de la naturaleza. Así, el cantor también deja huella de su propia presencia en la escena, pues él llego a cantarle al angelito, puesto allí, casi como una imagen. Y en la medida que el canto va tocando y ordenando con sus palabras y vibraciones los elementos que aparecen en la ceremonia, nos damos cuenta que este canto es una poesía y es sobre todo metáfora. El cantor saluda a los astros y a la jerarquía de los santos, saluda la mesa y saluda a la leche, a los padrinos y a la compaña, esta quizás es la única forma de ordenar el cosmos y sus elementos perturbados por la muerte de un niñito. El canto y la descripción primera se trasforman en metáfora de la vida y su orden esperado para dar conformidad al luto vivido. El saludo re-nombra, toca a los presentes, los vuelve a situar en un tiempo común, tiempo que comparten observando a un angelito en proceso de descomposición, un transe de lo vivo a lo muerto, una imagen, quizás.

Luego de esta primera parte del ceremonial, se abre la rueda para los demás cantos, que son los mismos que se pueden cantar en las fiestas patronales a las distintas imágenes (Virgen, Cruz, Cristo, Santos), pero cuyo pie de verso final, el cogollo de despedida, esta vez está dedicado para el angelito. Así se van sucediendo una serie de fundamentos durante toda la noche del velorio hasta el alba, sin embargo, esto no debe interpretarse como un mero acompañamiento o una forma de hacer pasar las horas hasta el momento de la despedida final, sino como un discurso repartido, o quizás, un tablero desordenado de símbolos, de brillos, metáforas que se transforman en otras metáforas. Por lo general, no se permite cantar toda la variedad de fundamentos del canto a lo adivino, sino los que de alguna manera son acordes con la situación: infancia y muerte. No se cantan versos del Antiguo Testamento que son más históricos, sino versos que refieren al Nacimiento de Cristo, a la Formación del mundo, al Padecimiento, a la Muerte, al Juicio Final, a la Gloria, y también versos por la Madre, por Genoveva de Bravante, versos para la mujer. Esta actitud de prohibición de algunos fundados (que debemos decir que no es tácita entre los cantores, pero si recurrente en algunos testimonios sobre este tema), ayuda a la eficacia de la palabra convertida en metáfora de la vida y muerte de un pequeño. Por ello, también se cantan versos por Literatura, que son versos que recurren permanentemente a la metáfora para entender los ciclos de la naturaleza, sus vientos, sus corrientes, la vida rodando alrededor de nosotros y nosotros en ella, y por cierto, entender la vida y a la muerte. Los versos por las Flores son versos de Literatura, en donde se presenta la vida de una flor que no pudo florecer y que nadie vio, la vida de un angelito, que está ahí, frente al cantor, rodeado de flores, marchitándose al igual que ellas al calor de las velas. No es permitido de Dios que esa flor permaneciera, dice uno de los versos.

Documento perteneciente a Noema Carrasco, Name, VII Región.

DESPEDIMIENTO DEL ANGELITO

La religiosidad popular es una de las manifestaciones más claras del sincretismo cultural resultante del proceso de mestizaje entre los pueblos indígenas americanos, los conquistadores occidentales, los esclavos llegados en su mayoría desde África y los descendientes (mestizos) de todos ellos. Estas formas devocionales se han ido construyendo y configurando a lo largo de cinco siglos, marcadas por distintos elementos particulares que han generado múltiples y muy significativas formas de culto y devoción religioso-popular de la vida campesina y rural a nivel Iberoamericano, donde destacan el complejo y diverso espacio sonoro y musical que estas constituyen.

Los velorios de angelitos son una práctica mortuoria infantil, un rito que se extiende por todo el continente americano en donde se manifiestan una serie de gestos, cantos, bailes y símbolos que permiten la construcción de una memoria cultural de las familias afectadas por el doloroso suceso que significa la muerte de un niño a niña. El rito del velorio del angelito, en este sentido, es eficaz, ya que permite el consuelo de las familias involucradas frente a los desgraciados designios de la vida y la comunión frente a su propia colectividad que participa de esta conmemoración.

AUDIO

VERSOS

Videos de otros despedimientos

Verso por Despedida de Angelito, Francisco Rozas.
Tonada de Despedida, Hilda Mora.

Audios de otros despedimientos

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